domingo, 18 de marzo de 2012

Norte de Tailandia

CHIANG RAI

A Chiang Rai llegamos entrada la noche y como siempre, nos dejaron en una estación de autobuses bastante apartada de la ciudad. Antes de coger un medio de transporte que nos llevara a la guest house que habíamos reservado para esta primera noche, intentamos localizarla en el mapa. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado y habíamos hecho una reserva en un pueblo situado a unos ochenta kilometros de donde estábamos. Superado el chasco, nos montamos en uno de esos camioncillos que te llevan al centro de la ciudad y que nos dejó en medio de todo el barullo del mercado nocturno. Algo desconcertados empezamos a vagar sin rumbo hasta que se nos ocurrió la brillante idea de sacar el mapa para situarnos. Hay momentos en que nos quedamos bloqueados y éste fue uno de ellos. Al cabo de no demasiado tiempo encontramos una guest house, dejamos las mochilas y nos fuimos a dar una vuelta.
La ciudad nos pareció bulliciosa si la comparábamos con cualquiera de los lugares que habíamos visitado en Laos. Todos los días hay un mercado nocturno, pero éste nos pareció un poco diferente, ya que a los habituales puestos de ropa y comida, se unían dos plazas con mesas y rodeadas de pequeños restaurantes, en las que se podía disfrutar de música en directo mientras cenábamos. El menú podía ser muy diverso: comenzando  con tempura de verduras y marisco, hasta el típico arroz o noodles y finalizando con la rica y amplia variedad de insectos fritos que no hemos tenido la valentía de probar, pero que sí vimos disfrutar a los lugareños.

Pues va a ser que never...
Como estuvimos unos días por aquí, nos coincidió el mercado del sábado. Fue la dueña de la guest house la que nos recomendó que fuéramos y lo disfrutamos de verdad. Cierran al tráfico toda una calle y montan un montón de puestos en los que venden todo tipo de cosas, y, cómo no, no podía faltar comida por todas partes a precios irrisorios. Es tan grande la tentación en cada lugar de Tailandia, que creemos que van a conseguir que recuperemos el peso que hemos perdido.

Mercado del sábado


Pero, a nosotros, lo que más nos ha gustado han sido los alrededores de Chiang Rai. Apenas unos kilómetros a las afueras estás en plena naturaleza. Con unos planos que nos facilitaron en la oficina de turismo, alquilamos una moto y nos perdimos por ahí. Pero "perderse" en el sentido literal de la palabra. Menos mal que preguntando se llega a todas partes.


Cascada de Khunkorn


Estuvimos viendo un poco el pueblo y esta señora que chapurreaba algo en inglés nos intentó vender unas pipas y una cinta porno.



Visitamos algunos parques naturales, pueblecitos étnicos, un campamento de elefantes y fuimos a admirar el, en nuestra opinión espectacular "templo blanco".


Templo Blanco





Cascada de Huai Kaew


Cascada de Huay Mae Sai

De Chiang Rai nos fuimos a Chiang Mai.

CHIANG MAI
Nos levantamos tempranito para ir a la estación de autobuses y comprar el billete. Nos pareció carísimo, pero cuando lo vimos comprendimos que habíamos cogido el "Hilton" de los autobuses tailandeses. Así que una vez dentro, a disfrutar de tres horitas en un cinco estrellas. Se nos hizo demasiado corto. Qué pronto se acostumbra uno a lo bueno...

Chiang Mai es una de las ciudades más importantes de Tailandia. Nos alojamos en la parte antigua de la ciudad, rodeada por un foso y restos de una antigua muralla y donde se encuentran numerosos templos, algunos de ellos muy antiguos. De hecho, nos pasamos todo un día de templo en templo y tiro porque me toca...  


Wat Phra That Doi Suthep


Es una ciudad agradable,  pero como tiene tanta fama nos esperábamos más. Aunque no teníamos intención de ver los alrededores, al final alquilamos una moto y nos fuimos lejos del asfalto, que en definitiva es donde más agusto nos encontramos.

Cascadas de Mae Sa. Este es tan sólo uno de los diez niveles que tiene la cascada

Cascadas de Tad Mok


 MAE HONG SON

A Mae Hong Son llegamos tras un largo viaje de nueve horas, que realmente podían haber sido seis si antes de comprar el billete, nos hubiéramos tomado la molestia de preguntar por dónde iba el autobus. Hay dos posibles rutas para llegar a este pueblo situado a muy pocos kilómetros de la frontera con Birmania. Por el norte, pasando por Pai, se tardan unas seis horas y por el sur, carretera 108, se atraviesa toda la provincia. Esto último fue lo que nosotros hicimos en un bus local, que nos recordó bastante a los ya lejanos nepalíes. La carretera es un continuo subir y bajar puertos de montaña y tiene un total de 1864 curvas. Alguien se tomó en algún momento la molestia de contarlas. Pero nos lo tomamos con buen humor, animando a "Manolo", el conductor (así fue como le bautizamos) que se emocionaba con el acelerador en algunos tramos. Tanto es así, que en los últimos kilómetros cada vez que tomábamos una curva hacia la derecha, escuchábamos un fuerte sonido metálico, que las primeras veces nos preocupó, pero luego nos acabó dando igual.


La primera impresión de Mae Hong Son no fue muy positiva, pero fue mejorando con el transcurrir de los días. Está situado en un valle rodeado de montañas. Las principales atracciones del lugar son un pequeño lago situado en el centro del pueblo y dos conjuntos de templos. Uno de ellos, a orillas del lago y otro, en la cima  de una colina desde la que se pueden observar bonitas vistas de todo el entorno.

Wat Phrathat Doi Kong Mu

 
Wat Jong Kum-Jong Klang

Varios acontecimientos inesperados hicieron nuestra estancia de lo más entretenida. El primero fue una manifestación en contra de los incendios que están asolando toda la comarca y a la que acudieron cientos de personas, incluyendo una representación de las minorías étnicas de la región. Y el segundo consistió en la oportunidad de presenciar el festival de Poi Sang Long, algo que nos encontramos de camino por casualidad.

Respecto al fuego, es algo terrible lo que está sucediendo en esta zona. De sur a norte de la provincia el terreno es montañoso, con numerosos parques naturales y una gran riqueza forestal. No hubo un sólo tramo de carretera en el que no viéramos amplias superficies quemadas, incluso focos todavía sin extinguir al lado mismo del arcén. En algunos casos intuíamos la intencionalidad. Probablemente, la conversión de dichos terrenos en campos de cultivo, pero son sólo suposiciones nuestras.



En cuando al festival, íbamos en la moto de camino a un pueblecito a 44 km. de Mae Hong Son, cuando vimos gente vestida muy elegantemente y una especie de procesión al lado de un templo. Nos dimos la vuelta y nos colamos en la fiesta. Lo que allí nos encontramos fue una explosión de colores, música y baile. Como no sabíamos qué es lo que se celebraba, a la vuelta fuimos a la oficina de turismo y les preguntamos. Esto fue lo que nos dijeron:  es una antigua tradición particular de esta provincia que dura tres días y tiene lugar en verano. Los jóvenes a los que llevan en hombros vivirán como monjes en el templo por un periodo de entre siete y treinta días para dedicarse al estudio de los preceptos budistas. Fue una auténtica suerte poder verlo en un lugar totalmente ajeno al turismo.




 


 


Así los días se fueron pasando haciendo visitas a los pueblos de los alrededores, tales como Ban Rak Thai habitado por antiguos inmigrantes de la provincia de Yinnan, en China y que se dedican al cultivo del té. Ban Ruam Thai, con un bonito lago y Ban Haui Seau Tao, uno de los pueblos en los que viven las famosas mujeres jirafa. Para llegar aquí, tuvimos que atravesar con la moto varios riachuelos que cruzaban la carretera, con algún que otro resbalón, pero sin mayores consecuencias. Lo que allí vimos, nos pareció bastante decepcionante, ya que se trata de una especie de mercadillo en el que, algunas de las mujeres que regentan los puestos, pertenecen a este pueblo de refugiados, procedentes de Birmania.

Ban Rak Thai

Ban Ruam Thai




A la vuelta del pueblo de las mujeres jirafa, pudimos ver a un elefante bañándose en el río.


También intentamos hacer un pequeño trekking por nuestra cuenta hasta unas cascadas, sin demasiado éxito. El tremendo calor y el acompañamiento durante todo el camino de unas arañas patilargas, al principio dos o tres, pero luego por docenas, hizo que Silvia y su hasta el momento superada fobia a los insectos dijera que por ahí no pasaba. Así que nos dimos la vuelta entre brincos de Jon al que se le metieron por el pantalón unas enormes hormigas rojas que le pegaban cariñosos mordisquitos. La Madre Naturaleza...




Y así finalizó nuestra estancia en Mae Hong Son. El mismo día en el que se cumplían seis meses desde nuestra partida, a las ocho y media de la mañana y conducido por "Rafael", cogimos nuevamente un bus local, que nos llevó en algo más de cuatro horas a Pai.



PAI

Para empezar, no entraba en nuestros planes quedarnos unos días en Pai, pero conocimos a una pareja de E.E.U.U que nos lo recomendó. Además, como teníamos que volver a Chiang Mai, era un buen punto intermedio para hacer un alto en el camino. La otra razón es que quizás nos dé pena irnos del norte de Tailandia. 

Es el típico pueblo colonizado por mochileros y en el que hay una gran oferta de guest houses, tiendas, restaurantes y otros garitos, la verdad es que la mayoría muy coquetos. Perfecto para quedarse unos días  a disfrutar del ambiente y hacer alguna excursión, que es básicamente lo que hemos hecho.

Hemos dedicado un día a descansar y a intentar poner al día el blog. Y otro más a visitar lugares de interés por los alrededores, con la que se está convirtiendo en nuestra compañera inseparable, la moto. Así, con el fresco de la mañana salimos, tempranito, a visitar el Cañon de Pai. Un lugar que está bien, pero que tampoco es ninguna maravilla. Es decir, si no se dispone de tiempo, perfectamente prescindible.
Siguiendo la costumbre y como no podía ser de otra manera, fuimos a ver un par de cascadas. A la vuelta, paramos en un lugar bastante singular regentado por un simpático matrimonio, en el que comimos papaya, un zumo de algo que no nos quedó muy claro que era y un vino casero que ellos mismos producían. También picamos unos cacahuetes. Todos estos productos y alguno más, como plátanos y tamarindos, los cultivaban en su propia huerta. Lo curioso del lugar es que comes cuanto quieres y luego pagas la voluntad. Pasamos un buen rato allí con ellos, aunque no sabían apenas inglés, pero pudimos entendernos sin problemas. ¿De qué manera? Nosotros le decíamos señalando algo como se decía en inglés y él nos la decía en thai, y qué contento se ponía el hombre y luego se lo repetía a su mujer. 



Cascada de Pam Bok

También vimos las cascadas de Mor Paen y pasamos por un pueblo de la etnia Lisu.


Mujer de la etnia lisu
En definitiva, unos cuantos días ociosos, que la vida del viajero es muy dura, ja, ja...
 

domingo, 11 de marzo de 2012

Luang Namtha y despedida de Laos


Se acabó nuestra estancia en Laos. En Huay Xai atravesamos el Mekong y al otro lado del río nos esperaba Tailandia. Montados en una de esas barcas de popa larga, mirábamos hacia atrás con nostalgia. A veces las despedidas son difíciles. Como ésta. Quien busque aventura, tranquilidad, naturaleza y gente sencilla, que venga a este país. Las carreteras y el transporte son tan sólo una anécdota que aportará un toque emocionante al relato del viaje. Las imágenes de Laos serán las de las montañas que se elevan como gigantes sobre los llanos arrozales; las playas y las palmeras en la ribera del río;  las casitas de madera y de hojas de palmera trenzada; la tradicional y elegante falda laosiana que llevan la mayoría de las mujeres; los puentes de bambú; los bosques que en el norte, en las montañas, forman una espesa manta de color verde oscuro y que parece no tener fin; los niños que no se pueden sentar en el sillín porque la bicicleta es cinco tallas más grandes que ellos; el polvo en el camino; la ruta trece que nos recorrimos de sur a norte y los pueblos situados al borde de la carretera; los novicios y monjes con sus coloridas túnicas naranjas.. Pero, quizás lo que más nos haya gustado es el ritmo pausado con el que transcurre la vida, como si de repente todo se ralentizara...Más de uno moriría de aburrimiento... 

Pero aún nos queda por contar el último capítulo de la crónica de este país, aunque ya estemos desde hace más de una semana en Tailandia y los recuerdos queden algo borrosos. De Luang Prabang nos fuimos a Luang Namtha, no sin antes debatir si seguir hacia el norte o coger un barco y pasar directamente a Tailandia. La única razón para no continuar en Laos, era el estado de las carreteras. Nos daba pereza meternos otras ocho horas botando en el asiento. Pero no pudimos evitarlo y al final no fue tan terrible. Cuando llevábamos cinco horas, el conductor nos dijo que nos quedaban unas tres más, quizás dos y media porque la carretera era muy buena. El descojono fue general. Todos pensamos que bromeaba...pero se conoce que no entendemos el sentido del humor laosiano, porque desde Udomxai hasta nuestro destino, nos encontramos con el mejor tramo de carreteras de todo Laos: ¿Qué importan los miles de curvas cuando la carretera es ancha, está perfectamente asfaltada y hay quitamiedos?




Llegamos a Luang Namtha y comprobamos que el pueblo no tiene mucho más que una calle principal. Había varias guesthouses, pero encontramos una que nos gustó en cuanto la  vimos y  cuando nos dijeron el precio, no hubo nada más que pensar. Ese día decidimos que al día siguiente no haríamos nada. Así que nos levantamos tarde y nos dedicamos a vaguear, a escribir el diario, algún correo que otro, y a mirar un poco las ofertas de trekking por la zona y cómo estaba el alquiler de bici y moto. Un trekking por la selva no nos apetecía demasiado en ese momento, así que alquilamos una moto y nos fuimos a ver las aldeas tribales que hay en los alrededores. Nos pasamos todo el día por caminos de piedras y tierra casi hasta al atardecer. Habíamos pensado ir a un poblado Akha, situado en la  montaña, que parecía muy interesante. Empezamos a subir, pero tardamos más de media hora en hacer tan solo tres kilómetros de los diez que hay de distancia. Las cuestas muy pronunciadas y el terreno lleno de piedras y agujeros hacía que la  moto nos derrapara todo el rato. Viendo la dificultad del camino y con miedo de que a la vuelta nos cayera la noche encima decidimos dejarlo  para el día siguiente. Pero no pudo ser, por ciertos problemas estomacales que nos retuvieron en nuestra habitación. El caso es que nuestra estancia aqui, todo hay que decirlo, no fue demasiado fructífera.

Fuimos  a ver una cascada, que, por cierto, estaba seca y visitamos el pueblecillo de la etnia Lantan




Pescando en el río
Mujer de la etnia Akha






Y nada más resta por contar. Hasta aquí nuestra experiencia en este pequeño país del sureste asiático.
                  
  Khawp jai la lai!!

miércoles, 29 de febrero de 2012

Agárrate que vienen curvas

En Pakse compramos el billete de autobús para ir a Vientiane, la capital de Laos. Después de la última experiencia, decidimos que intentaríamos coger un buen autobús, pero aquí nunca se sabe. Nos dirigimos a la estación VIP, y compramos el ticket para un sleeper. Mientras esperábamos la salida del autobús, una pareja se dirigió a nosotros en español. Estuvimos un buen rato charlando y nos fuimos a cenar juntos, así que el tiempo de espera se nos pasó volando y para cuando nos dimos cuenta ya era la hora de salida. El viaje fueron diez horas y las pasamos practicamente todas durmiendo.

Al llegar a Vientiane, nos costó bastante tiempo encontrar alojamiento. Lo que tenía un precio razonable daba un poco de miedo, y lo demás no estaba al alcance de nuestras posibilidades. Asi que nos agobiamos bastante, y para evitar mayores tensiones decidimos desayunar, porque con el estómago lleno y sin mochilas colgando, se lleva todo mucho mejor. Finalmente conseguimos una habitación que estaba muy bien, aunque un poco cara, quince euros, desayuno incluído.

Yendo al consulado de Tailandia encontramos un restaurante local que preparaba una comida deliciosa y en el que repetimos varios días.


Vientiane es una ciudad tranquila, que más parece un pueblo que la capital del país. Ultimamente nos hemos aficionando a andar en bicicleta y como había muy poco tráfico, nos aventuramos a recorrerla en este medio de transporte. Si no tienes demasiado tiempo, en un sólo día se pueden visitar los lugares más interesantes, pero nosotros le dedicamos cuatro días. Entre otras cosas porque nos teníamos que sacar el visado para Tailandia y sólo para los trámites necesitas dos días: uno para la entrega de la documentación y pago de las tasas, y el otro, para recoger el pasaporte con el visado correspondiente de dos meses que ya tenemos en nuestro poder.

Phra keo


That Luang


Por la mañana, dábamos una vuelta en bici por la ciudad y, cuando ya no se podía aguantar más el calor, nos retirábamos un rato al frescor del aire acondicionado de nuestra habitación, para salir al atardecer por la zona del río, donde había un mercado nocturno.

Un día quedamos a tomar unas cervezas con Alvaro y Tauli, la pareja que habíamos conocido en Pakse y nos echamos unas buenas risas con ellos. 

Como siempre visitamos el mercado y aprovechamos para hacer alguna comprilla. Queríamos una tarjeta de memoria para el móvil y un cable USB. Hay toda una sección dedicada a la venta de accesorios, la mayoría piratas. Tras probar cuatro tarjetas, por fin la quinta fue reconocida por el móvil, pero el cable USB no lo pudimos probar y nos fiamos.¡Grave error! Cuando llegamos al hotel lo enchufamos y no funcionaba. Al día siguiente volvimos al mercado y ¡sorpresa! el establecimiento donde lo habíamos comprado estaba cerrado. Menos mal que no nos había costado demasiado...

En Vientiane compramos el billete de autobús para ir a Vang Vieng. En la mayor parte de países que estamos visitando, las estaciones de autobuses quedan a las afueras, por lo que la compra del billete suele llevar incluído el transporte desde el lugar donde estás alojado hasta la estación. El día que nos íbamos, nos tenían que haber venido a recoger a las nueve y media de la mañana, ya que el bus salía a las diez. A las nueve cuarenta cinco no aparecía nadie, decidimos coger un taxi y como no teníamos tiempo para regatear nos metieron un buen sablazo. La verdad es que no sabemos si se nos hizo largo por la impaciencia, pero el caso es que nos pareció que la estación estaba bastante lejos. Para colmo tuvimos la mala suerte de que nos paró la policía y dimos ya por perdido el autobús. Y mientras el policía miraba, remiraba y volvía a mirar los papeles del coche, nuestras caras dibujaban una enorme sonrisa por si acaso...Finalmente, hizo bajar al conductor, que nos miró un tanto azorado diciéndonos "one moment" y regresó unos minutos después. Es el pan nuestro de cada día en Laos. No hace mucho, en el trayecto de Champasak a Pakse, también pararon a nuestro camioncillo y el conductor se bajó, no sin antes pedir dinero a la señora que se encargaba de cobrar el billete. Bueno, que nos vamos por los cerros de Úbeda, cuando llegamos, el autobús se había ido hacía ya media hora. Para uno que sale puntual, nosotros llegamos tarde...Intentamos explicarle al de la taquilla que no nos había venido nadie a recoger y patatín y patatán...y con el poco inglés que sabía nos pareció entenderle que iban a hacer regresar al autobús para venir a buscarnos. Y así fue que al cabo de media hora, un autobús lleno de extranjeros apareció por allí. Así comenzó un viaje de casi cinco horas para hacer un trayecto de 153km por una carretera que en muchos tramos estaba sin asfaltar, pero que ahora podemos decir que es una maravilla si la comparamos con la que va de Vang Vieng a Luang Prabang.

Llegamos a Vang Vieng, nos instalamos en una guest house  por el módico precio de seis euros la habitación y nos fuimos a dar una vuelta. De esta manera descubrimos a las denominadas por nosotros "las señoras". Unas simpáticas laosianas apostadas a un lado de la carretera con sus chiringos dando voces para atraer a los turistas y que vendían impresionantes bocadillos de imborrable recuerdo por algo menos de un euro.

Vang Vieng debe su fama no tanto a la espectacular naturaleza que rodea al pueblo como al tubing, una actividad que consiste en montarte en un gran neumático y dejarte llevar por la corriente del río. Todo muy sano, si no fuera porque muchos de los que lo practican paran a lo largo del recorrido en numerosos garitos instalados en los márgenes del río para echar un trago. Y así, uno tras otro, algunos llegan en un estado bastante lamentable. Y luego, la fiesta continúa en un lugar llamado "la isla".

Sin embargo, Vang Vieng es mucho más que todo ésto. De hecho nosotros hicimos algunas excursiones por nuestra cuenta y nos recorrimos los alrededores, llenos de formaciones rocosas kársticas, cuevas, lagunas, etc...

En bicicleta fuimos hasta la Tham Phu Kham. Tardamos como una hora y media en llegar. Pese a que la distancia no es demasiado larga, unos diez kilómetros, el camino está en muy mal estado y hay que ir con mucha atención para no comerte las piedras, agujeros, los pollitos, las vacas, los perros, los niños...en fin...además de las paradas necesarias para admirar el paisaje.


 



Una vez allí, lo primero con lo que te encuentras, es una pequeña laguna azul en la que te puedes bañar. Subiendo por un escarpado sendero se llega a una cueva de enormes dimensiones en la que hay un buda yacente. Sin duda, una de las cuevas más impresionantes que hayamos visto. Al volver a la guest house nos topamos  con el rodaje de una película australiana "The locker". No nos extraña que alguien pueda elegir esta localización.

La laguna azul



Para ir a la llamada cueva del elefante, y ver otros pueblecillos como Phatang, alquilamos una moto. Jon se animó con una semiautomática, y aunque al principio andábamos un poco a trompicones, enseguida le cogió el truquillo, aunque la carretera, por llamarla de alguna manera, se las traía.

Pagando el peaje para el puente




Entorno de la cueva del elefante




Llegamos al templo de Pathang y los monjes estaban deseosos de que les hiciéramos fotos

Entre bocadillo, Beer Lao y cuevas, se pasaron los días y con mucha pereza ante lo que sabíamos que nos esperaba, nos fuimos a Luang Prabang. Ya nos habían advertido que la carretera era terrible, y una vez iniciado el viaje no hizo más que confirmarse. Nos acordamos de Miguel de Huesca al que conocimos en Don Det, y que nos dijo que era como un puerto de montaña interminable. Si a ésto le añades tramos estrechos y sin asfaltar, con precipicios de los que mejor no mirar, hizo que Silvia corriera la cortinilla del autobús en más de una ocasión. Ya se sabe, ojos que no ven... Tardamos siete horas y media en recorrer doscientos cincuenta kilómetros. A los que sean aprensivos, les recomendamos cogerse el avión desde Vientiane. Eso sí, el paisaje es impresionante,  montañas cubiertas de vegetación en las que parece no entrar ni un árbol más. Por el camino  también vas pasando por numerosos pueblitos muy pobres que están como perdidos, habitados por minorías étnicas. Nos parece increíble que puedan vivir en unas condiciones tan duras y en medio del polvo procedente de la tierra seca y que lo impregna todo. 
También en algún momento nos entraron ganas de bajarnos del autobús y aplaudir a algún intrépido ciclista que transitaba por esta carretera. ¡Eso sí que es una aventura!

Luang Prabang, la tierra prometida. Afortunadamente no tuvimos que buscar alojamiento al llegar, ya que habíamos tenido la prudencia de reservar la primera noche y pocas veces como ésta nos hemos alegrado tanto de haberlo hecho después de semejante viaje. Como teníamos hambre, le dijimos al del hotel que nos recomendara algún sitio barato para cenar. Nos indicó una calle perpendicular al mercado nocturno, en la que los locales ofrecen una especie de buffet por un euro que consiste en meter todo lo que entre en un plato que ellos te facilitan. Se puede llenar una sola vez, así que hay que ver las montañas de comida que se prepara la peña, extranjeros en su mayoría, claro...

El mercado 



Templo dentro del recinto del Museo del Palacio Real y mercadillo nocturno





Atardecer sobre el Mekong desde el Phu Si




El buffet




De charla con los novicios en uno de los múltiples templos de Luang Prabang. Nos preguntaron si sabíamos inglés, pues les gusta practicarlo con los extranjeros.


Es una ciudad preciosa, surcada por dos ríos, el Mekong y el Nam Kham, con multitud de templos budistas y en la que se aprecia en cada esquina la impronta que dejaron los franceses, tanto en la arquitectura de las casas, como en los numerosos restaurantes y pastelerías... mmm....

En la confluencia del Mekong y el Nam Khan



Estudio fotográfico al aire libre.  Te hacen una foto y te la revelan al momento.



Una calle de Luang Prabang






Atravesando con la bici uno de los puentes de bambú


Tres de los cuatro días que estuvimos aqui alquilamos bici y fuimos descubriendo todos los rincones de la ciudad. El último día decidimos ir a las cascadas de Kuang Si, situadas a 32km de la misma. El dilema era si hacerlo en bici o contratar un tour en una agencia. Animados por nuestra creciente afición y por la descripción que del recorrido hace la Lonely Planet, calificándolo como "suavemente ondulado" nos decidimos por la bici. Para nosotros lo importante era llegar, luego una vez allí ya nos las arreglaríamos para volver con algún tuc tuc. No tuvimos en cuenta que las bicicletas que alquilamos únicamente tenían un desarrollo. Así que empezamos animosos, una subidita, una bajadita... hasta que en el kilómetro once, la carretera se convirtió en una continua pendiente imposible de superar, por lo que nos bajamos de la bici y caminamos un rato. Como aquello no terminaba, y con la incertidumbre de no saber cómo sería el resto del camino, decidimos, decepcionados, darnos la vuelta. Nos fuimos directamente a una agencia y unas horas más tarde llegamos a las cascadas.



Kuang Si




En un poblado hmong a la vuelta de las cascadas


















Se nos ocurrió repartir unos caramelos que llevábamos y de repente nos vimos rodeados por un montón de niños. Como la cosa se nos iba de las manos optamos porque fuera una señora del pueblo quien los repartiera


Parece que fue ayer cuando llegamos a Laos y sin embargo ya estamos en la recta final de nuestro viaje por este país. Nuestro último destino, a cincuenta kilómetros de la frontera con China será Luang Namtha. Pero ese será tema para otra entrada.